Canilleras en el alma

Canilleras en el alma

Datos del Libro:

Autor: Daniel Roncoli.

Editorial: Del Jilguero.

Año: 2007.

Ejemplar de la Biblioteca D. F. Sarmiento de Cañuelas.

Reseña:

EL PRÓLOGO QUE ME FALTABA ESCRIBIR

El día que conocí a Daniel Roncoli supe de su meridiana y obstinada vocación por la angustia. Me comentó de su fanatismo por Cañuelas, el equipo de su pueblo, y me mandó una adaptación de varios de mis cuentos para presentar durante dos semanas en un teatro con capacidad para cuarenta espectadores. Un mártir, pensé.

Debo confesar que autoricé la presentación de la obra y cedí los derechos sin husmear siquiera una línea de su trabajo porque soy vago para leer teatro. No lo escribo, no lo entiendo, no tengo delectación por ese tipo de soporte técnico-lingüístico. Sólo sentí compasión por haberse tomado semejante tarea de reelaboración de textos para realizar cuatro funciones en las que con toda la furia —según me informó un empleado de la Sociedad de Autores— salvaría un porcentaje de los gastos.

Me generó una gran simpatía su marcada estirpe de antihéroe y un comentario que me hizo reflexionar sobre un género literario que desarrollé sin darme cuenta. Me comentó sin lograr que me tuteara: "Roberto, podría editar un libro bien gordo con todos los prólogos de libros ajenos que escribió". Y acto seguido, tras comentarme pudorosamente que tenía relatos y cuentos con idea de publicar, movió una pieza en el tablero liberándome del compromiso, posponiendo este momento. "Por eso, por ahora, para no abusar no le voy a pedir que prologue ningún libro de mi autoría."

Era la firma de un pagaré con vencimiento que abono con gusto más allá de mi holgazanería y mi timidez para estas cuestiones. Asumo la incomodidad pese a que no abrevo asiduamente en este tipo de temáticas ya que bastante tengo con explorar nuevos enfoques para mis propios cuentos dada la cantidad de materiales que —felizmente— han comenzado a aflorar con el universo del barrio, la canchita de la esquina y la barra de los muchachos del café como búsqueda e ingrediente primordial. Lo hago porque he leído en sus anteriores publicaciones su versión de las leyendas de Aldo Pedro Poy o El Trinche Carlovich; porque en el formato del poema me colocó en el espejo frente al jugador que yo quise imitar, Ermindo Onega; porque ha escrito cuentos que tienen carnadura, tipos entrañables y de la peor calaña, humor, pasión. Y fundamentalmente porque el solicitante no se ajusta a ninguno de los cánones del intelectual pretencioso.

Sospecho que como a mí me ha pasado Daniel ingresa en la literatura por el atajo del potrero. Se nota que le ha dedicado mucho tiempo a los picados y que en el desarrollo de esa actividad recreativa ha abierto bien las orejas y se ha dejado impregnar por personalidades, dichos, costumbres, anécdotas de vestuario, que reflejan un mundo. Nadie va a patear los sábados pensando en atesorar historias, pero evidentemente, el que tiene avidez por contarlas, o ha agudizado ese sentido para capturarlas, además de divertirse almacena en ese ámbito material inmejorable. Rescata un idioma que se interpreta o no se interpreta, que no admite imposturas. Depende del oído que se tenga.

Culturalmente hay alguna relación metafórica entre los pilares temáticos de nuestra sociedad y lo futbolístico, una vinculación bastante estrecha entre lo que nos sucede como país y lo que el fútbol genera como folclore cotidiano. Existe un lenguaje coloquial futbolero que me atrapa y me representa, plano en el que Roncoli parece manifestarse a sus anchas.

Y aunque en una autobiografía de solapa tuvo una soberana prudencia para hablar de su talento como volante creativo, no tengo dudas en deducir que a la hora de ponerse los cortos debe ser generoso y claro, respetuoso e inteligente. En la cancha se reconoce la personalidad de la gente y por su obra, a la que él define como una posibilidad de volver a jugar a la pelota, se aprecia su humildad, su lealtad con los sentimientos infantiles, su amor por aquellos jugadores que lo invitaron a soñar —aún los más ignotos y subterráneos baluartes de la Primera "C" y "D"—, y su ubicación para colocarse en los lugares del relato que permitan un resultado más beneficioso.

Me faltaba escribir este prólogo para el compendio definitivo de ese género que he desarrollado —muy a mi pesar— a veces por no saber decir no, otras por amistad con los escritores o por una marcada admiración por su estilo, su obra y su coherencia o, como en este caso, por encontrar afinidades de respuesta inmediata con el narrador: Roncoli rescata de las pulsiones mercenarias el fútbol emotivo y de deleite que tanto nos gusta a él y a mí, y demuestra con elegancia que se pueden contar historias interesantes partiendo desde lo futbolístico como motivación principal o simplemente como una excusa.

Observé que Jorge Valdano sostiene que el de Daniel es un nuevo intento argentino de jugar al fútbol por Otros medios. No poseo elementos para refutar este concepto por lo que si esto es efectivamente así, espero queridos lectores que como decía el Flaco Menotti, haya nacido una pequeña sociedad que se fomente y no se rompa. Créanme, esta ala izquierda Roncoli-literatura promete.

ROBERTO FONTANARROSA

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